Sol y antioxidantes

La exposición al sol tiene efectos beneficiosos sobre el organismo. Quizá el más conocido es que la radiación UVB está involucrada en la produción de vitamina D3 que, a su vez, actúa en la absorción del calcio y su fijación en los huesos.

Además, entre otros beneficios, también puede:

  • Estimular la síntesis de algunos neurotransmisores, ayudando al equilibrio del sistema nervioso.
  • Tonificar la musculatura.
  • Combatir el cansancio, la depresión y el estrés
  • Favorecer la circulación sanguínea y la expulsión del ácido úrico.
  • Aumenta la producción de glóbulos rojos y el transporte de oxígeno por la sangre.
  • Mejorar enfermedades de la piel como la psoriasis, la dermatitis atópica o el acné.
  • Ayudar en el metabolismo de las proteínas.

Por otra parte, las estadísticas sanitarias muestran un alarmante crecimiento del cáncer de piel entre la población en general.

Por un lado, un incremento en personas de edad avanzada.

Por otro lado, un incremento en personas cada vez más jóvenes.

Está demostrado que nuestras células de la piel, tienen la capacidad de “memorizar” la radiación sufrida a lo largo de su vida y, consecuentemente,  esto genera un efecto acumulativo de dicha radiación.

Teniendo en cuenta la prolongación de nuestra vida, la importancia este efecto perjudicial sobre nuestra salud aumenta. Es pues un factor que recomendamos considerar.

Los efectos dañinos que producen las radiaciones solares son muy diversos. Quizá los daños más importantes sobre la piel sean:

    • Envejecimiento prematuro de la piel
    • Manchas solares
    • Formaciones vasculares
    • Aumento de arrugas
    • Fragilidad de la piel
    • Deshidratación
    • Cáncer de piel
      • Melanoma
      • Carcinomas

También se producen afecciones en otros órganos, como los ojos:

      • Cataratas
      • Maculopatías

Pero ¿Afecta la radicación solar a todas las personas por igual?

No. En las personas con tono de piel más claro, el riesgo es mayor, así como en las personas cuya piel enrojece, con mayor dificultad a adquirir un tono “moreno”.

Así pues, nuestra recomendación debe ser la de aprovechar los beneficios que nos aporta nuestro astro rey, y ayudar a prevenir sus posibles perjuicios.

Las medidas preventivas ante el sol incluyen:

  • Evitar quemaduras solares
  • Uso de protectores solares. Fundamentalmente, ropa, cremas protectoras y gafas de sol.
  • Evitar o reducir la exposición al sol en las horas de mayor intensidad, entre las 11 AM y las 3 PM

Además, sabemos que diferentes nutrientes y/o fitoquímicos antioxidantes, como los carotenoides, etc. nos ayudan en la prevención de la oxidación y la degeneración celular. Es conveniente reforzar la dieta con un aporte especial de alimentos ricos en estos nutrientes y fitoquímicos Antioxidantes.
Para ayudarnos en este sentido, recomendamos el jugo FruitBalance, que nos ofrece la máxima potencia y diversidad antioxidante.
Si quieres saber más, o enviarnos tu consulta.

La vida empieza en el colon

Boletín beengood . Enero 2013

Gran porcentaje de la población vive padeciendo de todo tipo de patologías: alergia, asma, eczemas, diarreas, estreñimiento…, y sufriendo infección tras infección.
Algunas personan deciden eliminar la leche, el gluten, los embutidos, o los huevos de su dieta, pero no les sirve de mucho.
¿Dónde está la causa? En general, en la flora intestinal.

La vida empieza en el colon

Una alta población de bacterias perjudiciales, hongos, y patógenos en general, un tránsito digestivo contaminado por alimentos mal digeridos, etc., genera el riesgo de presencia de materia fecal tóxica. Esto, a su vez, puede provocar diversos desequilibrios y trastornos.
Se hace habitual sufrir  de estreñimiento, gases, diarreas, inflamaciones de distinta índole, alteraciones en la piel, cambios de humor, incluso enfermedades más graves, como colopatía funcional, diarrea sangrante e incluso, cáncer de colon.
Estudios con multitud de autopsias realizadas a personas fallecidas mayores de 40 años muestran un colon con presencia de muchos excrementos.
Esta situación aumenta el riesgo de tener un sistema inmunitario debilitado, de sufrir enfermedades infecciosas e inflamatorias relacionadas con el aparato digestivo, respiratorio, urogenital, etc.
Además, son un factor desencadenante de trastornos emocionales: las células del intestino producen el 80% de la serotonina, la hormona del “buen humor”, presente en nuestro organismo.
Son muchas las razones para aconsejar cuidar muy bien nuestro colon.

Cuidar nuestro intestino

Existen multitud de productos, más o menos fiables, para limpiar el tubo digestivo.
Sin embargo, es necesario comenzar diciendo -claramente-, que el intestino no es una simple tubería que desatascar.
De forma natural, contamos con miles de millones de microorganismos que pueblan nuestro colon. Lo protegen y lo limpian, impidiendo que las bacterias y levaduras patógenas se desarrollen excesivamente.
Es lo que llamamos “flora intestinal”.
Cada persona tiene su propia flora, tan personal como su huella dactilar, o su propio jardín.
Siguiendo el símil, es decisión de cada uno cuidarlo: resembrarlo con frecuencia, limpiar de malas hierbas, abonarlo…,o abandonarlo.
Eso si, lo que puede ser un bonito, armonioso, y ordenado jardín, se puede transformar en un feo, desordenado, y en todo un vertedero que sirve de cobijo especies nocivas que provocan enfermedades.

Por ejemplo, ¿Es normal el mal olor de las heces?

Una función fundamental del colon es fermentar alimentos que no se han digerido completamente, para extraer nutrientes, y transportarlos al sistema circulatorio. Cuando tenemos un colon sano, los residuos restantes de este proceso carecen ya de utilidad nutricional. Unicamente sirven para ayudar a ser evacuados con regularidad, y no desprenden un mal olor excesivo.
Con una mala digestión, además de generar mal olor excesivo, y el propio malestar que ocasiona, no conseguimos extraer todos nutrientes de los alimentos, pudiendo llegar a generar déficit nutricional.
Cuando la presencia en el colon de bacterias y levaduras nocivas es excesiva, el tránsito se altera. Se produce estreñimiento o diarrea, no se aprovechan todos los nutrientes, y los residuos huelen muy mal.
Los agentes nocivos producen gases (carbónico, metano e hidrógeno) en abundancia, y generan bolsas de gas en el colon, que generan la sensación de estar hinchados. Es una clara señal de una mala digestión y de que el colon necesita ayuda. Una señal que indica un déficit de esas bacterias beneficiosas para la salud, que favorecen el proceso digestivo.

La flora intestinal

Antes de nacer nuestro tubo digestivo es estéril. No tiene microbios.
A las 72 horas, en nuestro tubo digestivo ya están presentes millones y millones de bacterias y levaduras.
En los niños que han nacido por parto natural, las primeras bacterias y levaduras proceden de la flora vaginal de la madre.
Y esa  flora vaginal, a su vez, depende -en gran medida-, de su flora intestinal.
Podemos concluir que las mujeres que en las últimas semanas de embarazo tengan una flora intestinal sana, dejarán una excelente herencia a sus hijos. Por contra, si el intestino de la madre está contaminado por especies oportunistas y patógenas, probablemente el bebé también las herede.
Esta circunstancia muestra el porqué la predisposición a padecer ciertas enfermedades relacionadas con algunos tipos de microflora, se transmite de madres a hijos. Esto es frecuente en los descendientes de mujeres que sufren asma o dermatitis.
Pero es posible actuar para regenerar la microflora, y prevenir que el niño sea portador de flora que pueda provocarle eczemas y/o asma, y que sufra de deficiencias que puede arrastrar de por vida, y que pueden derivar –por ejemplo- en una bronquitis crónica, que le puede llevar a ser una persona dependiente.
Los niños que nacen por cesárea, no tienen ese contacto inicial con la flora vaginal de su madre. Reciben la primera microflora del entorno hospitalario, que suele estar poblado de bacterias resistentes a los antibióticos. En casos como el famoso estafiloco aureus (Staphylococcus aureus), pueden tener consecuencias graves para toda la vida ( meningitis, sepsis, neumonía…).
Es muy importante que desde el momento mismo del nacimiento, las mamás a las que se les debe practicar una cesárea, aporten a su bebé bacterias beneficiosas para la salud.

Equilibrio de la flora intestinal

La microflora intestinal está en constante evolución, en un equilibrio dinámico desde el nacimiento, que puede romperse por diferentes factores:

  • Factores con origen en el interior del organismo (endógenos): Un sistema inmunitario deficiente, una enfermedad metabólica, una herida, pasar por el quirófano, una inflamación, estreñimiento crónico o un tumor en el intestino, pueden alterar la flora intestinal gravemente, empeorando los síntomas, y prolongando la recuperación.
  • Factores con origen exterior al organismo (exógenos): Alimentación desequilibrada, contaminación por metales pesados, pesticidas, o por aditivos alimentarios antimicrobianos, infecciones, altos niveles de estrés, tratamientos antibióticos, vacunas…,

Todos estos factores pueden favorecer la inhibición de las bacterias beneficiosas y/o, permitir la expansión desequilibrada de patógenos responsables de enfermedades.

Las consecuencias pueden ser más o menos gravosas. Desde simples trastornos digestivos hasta disfunciones en nuestro sistema inmunitario, corriendo el riesgo de sufrir una infección generalizada (septicemia) y, potencialmente, la muerte.
Definitivamente, una flora intestinal equilibrada es clave para hacer frente a las enfermedades y mantener un estado saludable.

Cuidar y mejorar la flora intestinal

En la flora intestinal están presentes bacterias que tienen un efecto positivo para la salud y para la vida en general, denominadas “probióticas”, y otras especies que son patógenas:

  • Las “probióticas” (promotoras de vida) aportan beneficios científicamente demostrados, como estimular el sistema inmunitario, reducir alergias, aliviar inflamación del intestino, impedir la producción de toxinas que perjudican al hígado, mejorar el tránsito intestinal, disminuir las flatulencias y prevenir trastornos digestivos como estreñimiento o diarrea.
  • Las especies patógenas pueden originar diferentes problemas de salud (alergias, micosis,…), y otras enfermedades.
    Un claro ejemplo de micosis -infección provocada por hongos-, que afecta a multitud de personas es la candidiasis. Provocada por la Candida albicans, su expansión es alarmante. Sobre todo, si tenemos en cuenta que su proliferación en el organismo altera el sistema inmunitario, facilitando la aparición de otras enfermedades graves, como el cáncer.

Mantener un intestino sano

Para mantener nuestro intestino sano, podemos:

1. Favorecer la proliferación de bacterias beneficiosas

    • Aportando especies favorecedoras de esas bacterias saludables
    • Alimentándolas adecuadamente.

2. Impedir que se desarrollen las especies patógenas.

Favorecer las bacterias saludables de nuestro intestino

Aportar bacterias beneficiosas

Productos fermentados

Las semiconservas fermentadas contienen bacterias del grupo láctico (Lactobacillus, Leuconostoc, Pediococcus, Lactococcus, Streptococcus,…).
Desde la antigüedad sabemos que los productos fermentados se conservaban bien y que, además, su consumo es beneficioso para la salud.
La microbiología ya demostró que algunas bacterias desarrolladas espontáneamente en los productos con fermentación láctica eran “probióticos”.
El chucrut, por ejemplo, se consume desde la época de los Romanos. La col fermentada, forma parte de platos muy comunes hoy en las cocinas del centro y este de Europa, y también en Asia, como en el kimshi coreano. O el borsch, una sopa de verduras cuyo ingrediente principal es el zumo fermentado de remolacha, que tambien es muy común en el centro y este de Europa. La mayoría de las verduras pueden consumirse de esta forma: zanahorias, berenjenas, cebollas, pepinos…
En la cocina tradicional occidental, las aceitunas, pepinillos, remolacha, nabos, etc., se conservan mediante fermentación láctica.

En cambio, la industria agroalimentaria tiende cada vez más a conservar los productos en escabeche o en vinagre, o a esterilizarlos tras la fermentación. Este proceso destruye las bacterias. La mayoría de las cervezas disponibles en el mercado, por ejemplo, se pasteurizan -a pesar de estar fermentada-, por lo que contienen muy pocas bacterias y levaduras.

La leche fermentada es muy rica en bacterias “probióticas”, con diferentes propiedades en función de la bacteria utilizada.

  • Yogur (Streptococcus thermophilus y Lactobacilus bulgaricus),
  • Leche acidófila (fermentada por Lactobacillus acidophilus),
  • Leche con bifidus (fermentada por Bifidobacterium bifidum, longum, breve o lactis)
  • Kéfir (fermentado por varias especies de Lactococcus, Leuconostoc, Lactobacillus, Sacharomyces, Kluyveromyces, etc.).

Todos estos tipos de leche fermentada aportan beneficios para la salud, especialmente si la materia prima procede de cabra, oveja o yegua. Cada vez más y más personas desarrollan una intolerancia a la leche de vaca, que se manifiesta en inflamaciones como rinitis, sinusitis, artritis, artrosis, etc.

Alimentar las bacterias saludables

La alimentación actual es excesivamente pobre en fibra , y excesivamente rica en alimentos en estado puro, o con nutrientes “aislados” (carne, queso, grasas y azúcares).
La fibra no es un nutriente esencial para nuestro organismo, pero resulta indispensable para preservar la flora intestinal. Las bacterias beneficiosas se alimentan de ella, transformándola en ácidos orgánicos que protegen y regeneran la mucosa intestinal.
La fibra: es prebiótica
Algunas fibras alimentarias son solubles. Se las denomina “prebióticas” porque su objetivo es estimular el crecimiento de las bacterias “probióticas” o bacterias beneficiosas del ecosistema intestinal.
Como nuestra flora intestinal se nutre de fibras, debemos aportar en nuestra alimentación fibras solubles que podemos encontrar, por ejemplo, en la fruta de -mejor de temporada, y bien madura-, en una gran variedad de legumbres – preferiblemente leguminosas y crucíferas(coles, repollo, brócoli,…-, y en los cereales en su estado natural, que son pobres en gluten (arroz, mijo, avena, espelta…).

Impedir el desarrollo de especies patógenas

Los alimentos compuestos por nutrientes “aislados” –que no cuentan con ayudas digestivas en su composición-, como Carne, Queso, las grasas en general, y los azúcares simples (o monosacáridos), pueden romper el equilibrio de la flora.
El consumo de este tipo de alimentos en estado puro no ha dejado de crecer. Paralelamente, sucede o mismo con el desarrollo de las llamadas enfermedades del mundo desarrollado: enfermedades cardiovasculares, trastornos digestivos, metabólicos, del sistema nervioso u osteoarticular, etc.
Un ejemplo de ello es el elevado consumo de azúcares simples: sacarosa, fructosa, maltosa, lactosa, glucosa…

Los alimentos azucarados o que se transforman rápidamente en azúcares simples -incluidos la mayoría de zumo de frutas comercializados-,  favorecen la proliferación de la flora fúngica (hongos) que, a su vez, altera el sistema inmunitario, y aumenta el riesgo de diabetes o cardiovascular, obesidad, y todo tipo de cánceres.

Por otra parte, un consumo elevado de azúcar produce hiperglucemia y, consiguientemente, hiperinsulinemia, que provoca la formación del tumor cancerígeno y acelera el crecimiento de células tumorales.
En España consumimos 43,8 kilos de azúcar al año de media; es decir, unos 120 gramos al día (entre 15 y 20 cucharaditas de postre). Y no somos realmente conscientes de ello. Gran parte de este azúcar se encuentra en productos elaborados (refrescos y bebidas azucaradas, cereales, derivados lácteos, etc.), que contienen el principal edulcorante industrial, la fructosa.
La cifra es realmente alta. No debería superar, en ningún caso, los 10 kilos al año.

Es recomendable priorizar en nuestra alimentación las frutas, legumbres y cereales integrales, bayas, frutos secos, pescados azules ricos en nutrientes como el colágeno, minerales, vitaminas liposolubles y ácidos grasos omega-3, y reducir el consumo de carne, grasas saturadas y lácteos.
Podemos tomar algo de carne, lácteos (preferiblemente de cabra y oveja) y aceites vegetales (preferiblemente aceite de oliva o nuez).

Especialmente recomendable, es consumir legumbres y frutas ecológicas, que no contienen pesticidas (por su potencial cancerígeno), ni conservantes -antibacterianos y antifúngicos que, consecuentemente, alteran la flora intestinal-. Está demostrado científicamente que enfermedades degenerativas del sistema nervioso, como Parkinson o Altzheimer, empiezan en el colon por estas razones.

Recomendamos evitar la ingesta conjunta de hidratos de carbono y alimentos ácidos (por ejemplo, cereales y cítricos, cereales o legumbres con vinagre o limón, tomate y pasta o arroz…). Los ácidos neutralizan la acción de las enzimas salivales sobre el almidón de los hidratos de carbono, y esto produce toxinas en el intestino.

Y es algo básico y fundamental, masticar adecuadamente
Masticar y ensalivar bien los alimentos -sobre todo los ricos en almidón (cereales, frutas, verduras y legumbres-, garantiza que la digestión comience en la boca, con la amilasa de la saliva. Esto evita una fermentación intestinal que produce toxinas.

No abuse de los alimentos que pueden producir reacciones de intolerancia, como pueden ser la leche de vaca y sus derivados, los cereales modernos ricos en gluten y sus derivados.

Evitar el agua con cloro
Añadir cloro al agua antes de ser distribuida para el consumo acaba con los gérmenes dañinos que puede contener. Así, enfermedades como la disentería o el cólera han desaparecido en los países desarrollados.
Pero el cloro tiene el mismo efecto en nuestro sistema digestivo: desinfecta, y elimina por igual microorganismos buenos y malos.

Recomendamos evitar el contacto innecesario con sustancias bactericidas o fungicidas, incluidos los productos para desinfectar las manos y la piel, porque acaban con todas las cepas microbianas. La piel y los órganos sexuales, por ejemplo, también están cubiertos de una microflora que proteje de los gérmenes nocivos.

Ayudar a mantener un intestino sano, de forma fácil

Poniendo en práctica todas estas recomendaciones, podemos ayudar a que nuestra flora se reequilibre sola.
Evidentemente, es imprescindible que nuestra alimentación y nuestra forma de vida nos lo permitan.
Para hacer este proceso más fácil, podemos ayudar con complementos alimenticios, aunque pensamos que la mayoría de los “probióticos” disponibles en el mercado no son todo efectivos que se podría esperar.

Podemos pensar en diversas razones, en general:
Comprimidos
En su fabricación es necesaria una fuerte compresión de sus componentes para unirlos, y formar el propio comprimido. Eso puede hacer subir la temperatura y, consecuentemente, eliminar bacterias.

Alimentos funcionales
En esta clasificación podemos observar:
Productos incoherentes: Encontramos productos con presencia simultánea de azúcares, y bacterias. Como hemos visto, los azúcares promueven el crecimiento de la flora fúngica no deseada.
Posible rotura de la cadena de frío: Muchos de los productos funcionales, que contienen prebióticos, requieren del mantenimiento de la cadena de frío. La alteración de esta cadena, puede disminuir la funcionalidad del producto por la muerte de bacterias.
Escasa presencia de bacterias beneficiosas. Entre los productos llamados funcionales con características prebióticas, encontramos escaso número de bacterias presentes.
Parcial presencia de bacterias. Están presentes, únicamente, algunos de los tipos, sin llegar a tener un espectro amplio de microorganismos con utilidad prebiótica.

En resumen, estos productos pueden ser recomendables para ayudar a mantener el equilibrio de la flora, pero no los consideramos suficientemente efectivos para corregir problemas manifestados.

Laxantes. Como dijimos inicialmente, nuestro intestino no es simplemente una tubería a desastascar. Por un lado, es imprescindible ayudar a recuperar y equilibrar la flora; por otro lado, los laxantes tienden a producir irritaciones, al actuar de forma, digamos “agresiva”. No recomendamos su uso frecuente y puede tener consecuencias gravosas para la salud.

Hemos hablado de diferentes recomendaciones, más allá de la simple obstrucción intestinal, algunas importantes, como la presencia de tóxicos, metales pesados, etc.

Recomendamos, por lo tanto, actuar en diversos frentes:

  • Limpieza
  • Detoxicación
  • Regeneración

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VIII Congreso Naturopatía y Medicina no Convencional

Edición especial con motivo del  VIII Congreso Mundial de Naturopatía y Medicina no Convencional, celebrado los días 10 y 11 de Marzo en Lisboa, Portugal.

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La presentación de Neovi Grup tuvo un gran impacto en el sector.
Sobre todo, debido a la novedad que supone Promacel, como ayuda a la liberación de células madre adultas que aporta el alga Alphazinomenon Flos Aquae, y por su sinergia con las aplicaciones inmunológicas del Coriolus Versicolor.
Se percibe como una auténtica innovación en la aplicaciones terapéuticas naturales.
Hubo una afluencia masiva durante los 2 días en el stand de la compañía, y en la presentación de la empresa y sus productos.

El Espacio NeoVi Grup lo visitaron más de 1.000 personas.
También lo visitaron algunos consumidores y distribuidores, que mostraron su espectación ante los resultados que ya se están teniendo, y las posibilidades que se abren por la transcendencia del Congreso: Dr. Tito, Teresa Viana, Abel Monteiro, Rosa Brito,…
Se celebraron reuniones  con ejecutivos, y atendimos nuevas incorporaciones.
Hizo la presentación de NeoVi Grup el Presidente y Fundador, Rafael Montesinos.

Entre los asistentes a la presentación se encontraban Doctores, Naturópatas, Nutricionistas, Masajistas, Acupuntores, y diversos profesionales relacionados con la Salud, e interesados por las terapias no convencionales.
Asistieron más de 200 profesionales de la Salud de Portugal, Holanda, Bélgica, Alemania, Italia, Francia y España, que ocuparon la sala en mayor número que las butacas disponibles.
Un éxito a poco más de un mes de la apertura oficial de la empresa, y un paso decisivo ante lo que promete ser un nueva etapa en la industria de la nutrición aplicada a la salud.

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