Gluten Free . ¿Una moda más?

Gluten Free ¿Cuestión de moda?

La moda puede ser una forma de expresión.
Nuestra sociedad, las formas de pensar, de relaccionarnos, la tecnología,…Todo evoluciona, y con ello, nuestra forma de expresarnos.
Echa un vistazo a fotografías de hace 10 o 15 años…Sorprendente, como cambia nuestro aspecto.

 
Estamos, pues, ya acostumbrados a las modas. Y también en lo relacionado con la alimentación.
Pero, en este punto, hay una particularidad: Nuestro cuerpo físico no modifica su funcionamiento tan rápido como nuestra mente.
Y algunas de estas modas relacionadas con la alimentación, son realmente curiosas, por no decir dramáticas, si consideramos las consecuencias negativas que algunas pueden tener para nuestra salud.
Algunos todavía recordamos las insistentes recomendaciones para consumir aceite de girasol, porque era supuestamente más saludable y » light».
Todos sabemos hoy que es mucho más saludable el aceite de oliva virgen, que cualquier otro.
Hoy mismo se ha hecho publica una nueva pirámide nutricional recomendada, donde se hace enfasis en el consumo de aceite de oliva y…¡Sorpresa!, también se destaca la importancia de evitar las harinas refinadas, incluyendo el pan blanco. ¡¡ Aleluya!! Más vale tarde…

Uno de las modas que lleva ya un tiempo en la «mente colectiva» es la dieta libre de gluten. Gluten Free, suena más modelno e internacioná .;).
Ya es hora de tratarla aquí.

Gluten Free ¿Cómo funciona la moda?

Alguna “famosa” aparece en televisión diciendo : «Me sentaba mal el gluten y, desde que no lo tomo, me siento mejor».
Rápidamente, en los supermercados, los lineales de los productos sin gluten se vacían.
Las marcas comerciales, y su capacidad de comunicación a través de la publicidad, potencian el «aborregamiento» colectivo, y ellas aprovechan estas olas de moda para sus intereses.
Y no las critico. Al fin y al cabo, su función principal es la «creación de riqueza».
Es a nuestras instituciones a quienes hago responsable de la información, y a nosotros -los ciudadanos-, como responsables últimos de nuestra propia vida y salud.

Gluten Free. Más allá de la moda

Lo básico: Una dieta sin gluten solo la deben adoptar las personas que sufren alergia específica o celiaquía.
Concretamente la celiaquía, es una patología de tipo autoinmune.
Hay personas con perfiles genéticos determinados, en las que su sistema inmunoilógico puede reaccionar de forma «inconveniente» ante el gluten y/o diversas prolaminas (grupo de proteinas presentes en determinados cereales).
Las personas celíacas generan anticuerpos específicos, y pueden sufrir diversos trastornos digestivos:

  • Daños de la mucosa del intestino delgado, impidiendo una digestión normal.
  • Atrofia en las vellosidades del intestino con una mala absorción de los nutrientes,

Estas personas, y también las únicamente alérgicas, puede sufrir otros síntomas como diarreas, hinchazón abdominal, dolor en las articulaciones, o dolor de cabeza.

Evidentemente, es recomendable para todas ellas que mantengan una alimentación sin gluten porque, aún en pequeñas cantidades, se puede desencadenar el proceso.
Ahora bien, teniendo en cuenta todas las posibles y diferentes afeccciones por alergias o celiaquía, este problema afecta únicamente al 6-7 % de la población, mas o menos.
Estas afecciones se pueden diagnosticar con pruebas de anticuerpos accesibles todos.

Gluten Free. ¿Porqué pasar de esta moda?

Por Economía. Evidentemente, en el mercado se encuentran muchos alimentos sin gluten. Eso si, posiblemente con precios excesivos, apoyados por una demanda que considero «inflada» por la leyenda colectiva: “El gluten es perjudicial”. Y, sin duda, los precios de estos alimentos son más altos que sus equivalentes con gluten.

Por una nutrición completa y equilibrada. El gluten es, fundamentalmente, una proteína. Incluye aminoácidos, pero también minerales (zinc, calcio, hierro,…); vitaminas (B1, B2, B3, B9,…), y también fibra.
Todos son nutrientes son necesarios en nuestra dieta.
Entonces ¿Porqué optar por una dieta más cara y con déficit de nutrientes?.

Pero hay más…

La Refinitiva. Por moda. No me negarás que está de moda estar delgado o, al menos estilizado. Pues Sin gluten es más fácil engordar, porque:

  • El gluten ayuda a saciar
  • Los alimentos con gluten son más bajos en calorías, que los mismos en modo Gluten Free
    Así que, ¡Gluten Free!, ¡Y Anímate a engordar!.

¿Necesitas más?

Por Salud. El gluten reduce el riesgo de padecer diabetes tipo 2. Algunos estudios serios demuestran que las personas que consumen gluten tienen un riesgo un 13% menor de padecer este tipo de diabetes, que las que comen sin o con muy poco gluten.

Moda Gluten Free. Volviendo a Lo Básico

Las personas que no tienen celiaquía o alergia a él pueden y deberían tomar gluten.

Optamos por la moda elegante pero informal: dieta variada y equilibrada, en nutrientes y en calorías. Las dietas «free», “sin ” o «libres de» solo para quien lo necesite.

Aun así, Puedes encontrar todo lo que necesites para alimentación sin gluten en Comprar sin Gluten

La vida empieza en el colon

Boletín beengood . Enero 2013

Gran porcentaje de la población vive padeciendo de todo tipo de patologías: alergia, asma, eczemas, diarreas, estreñimiento…, y sufriendo infección tras infección.
Algunas personan deciden eliminar la leche, el gluten, los embutidos, o los huevos de su dieta, pero no les sirve de mucho.
¿Dónde está la causa? En general, en la flora intestinal.

La vida empieza en el colon

Una alta población de bacterias perjudiciales, hongos, y patógenos en general, un tránsito digestivo contaminado por alimentos mal digeridos, etc., genera el riesgo de presencia de materia fecal tóxica. Esto, a su vez, puede provocar diversos desequilibrios y trastornos.
Se hace habitual sufrir  de estreñimiento, gases, diarreas, inflamaciones de distinta índole, alteraciones en la piel, cambios de humor, incluso enfermedades más graves, como colopatía funcional, diarrea sangrante e incluso, cáncer de colon.
Estudios con multitud de autopsias realizadas a personas fallecidas mayores de 40 años muestran un colon con presencia de muchos excrementos.
Esta situación aumenta el riesgo de tener un sistema inmunitario debilitado, de sufrir enfermedades infecciosas e inflamatorias relacionadas con el aparato digestivo, respiratorio, urogenital, etc.
Además, son un factor desencadenante de trastornos emocionales: las células del intestino producen el 80% de la serotonina, la hormona del «buen humor», presente en nuestro organismo.
Son muchas las razones para aconsejar cuidar muy bien nuestro colon.

Cuidar nuestro intestino

Existen multitud de productos, más o menos fiables, para limpiar el tubo digestivo.
Sin embargo, es necesario comenzar diciendo -claramente-, que el intestino no es una simple tubería que desatascar.
De forma natural, contamos con miles de millones de microorganismos que pueblan nuestro colon. Lo protegen y lo limpian, impidiendo que las bacterias y levaduras patógenas se desarrollen excesivamente.
Es lo que llamamos “flora intestinal”.
Cada persona tiene su propia flora, tan personal como su huella dactilar, o su propio jardín.
Siguiendo el símil, es decisión de cada uno cuidarlo: resembrarlo con frecuencia, limpiar de malas hierbas, abonarlo…,o abandonarlo.
Eso si, lo que puede ser un bonito, armonioso, y ordenado jardín, se puede transformar en un feo, desordenado, y en todo un vertedero que sirve de cobijo especies nocivas que provocan enfermedades.

Por ejemplo, ¿Es normal el mal olor de las heces?

Una función fundamental del colon es fermentar alimentos que no se han digerido completamente, para extraer nutrientes, y transportarlos al sistema circulatorio. Cuando tenemos un colon sano, los residuos restantes de este proceso carecen ya de utilidad nutricional. Unicamente sirven para ayudar a ser evacuados con regularidad, y no desprenden un mal olor excesivo.
Con una mala digestión, además de generar mal olor excesivo, y el propio malestar que ocasiona, no conseguimos extraer todos nutrientes de los alimentos, pudiendo llegar a generar déficit nutricional.
Cuando la presencia en el colon de bacterias y levaduras nocivas es excesiva, el tránsito se altera. Se produce estreñimiento o diarrea, no se aprovechan todos los nutrientes, y los residuos huelen muy mal.
Los agentes nocivos producen gases (carbónico, metano e hidrógeno) en abundancia, y generan bolsas de gas en el colon, que generan la sensación de estar hinchados. Es una clara señal de una mala digestión y de que el colon necesita ayuda. Una señal que indica un déficit de esas bacterias beneficiosas para la salud, que favorecen el proceso digestivo.

La flora intestinal

Antes de nacer nuestro tubo digestivo es estéril. No tiene microbios.
A las 72 horas, en nuestro tubo digestivo ya están presentes millones y millones de bacterias y levaduras.
En los niños que han nacido por parto natural, las primeras bacterias y levaduras proceden de la flora vaginal de la madre.
Y esa  flora vaginal, a su vez, depende -en gran medida-, de su flora intestinal.
Podemos concluir que las mujeres que en las últimas semanas de embarazo tengan una flora intestinal sana, dejarán una excelente herencia a sus hijos. Por contra, si el intestino de la madre está contaminado por especies oportunistas y patógenas, probablemente el bebé también las herede.
Esta circunstancia muestra el porqué la predisposición a padecer ciertas enfermedades relacionadas con algunos tipos de microflora, se transmite de madres a hijos. Esto es frecuente en los descendientes de mujeres que sufren asma o dermatitis.
Pero es posible actuar para regenerar la microflora, y prevenir que el niño sea portador de flora que pueda provocarle eczemas y/o asma, y que sufra de deficiencias que puede arrastrar de por vida, y que pueden derivar –por ejemplo- en una bronquitis crónica, que le puede llevar a ser una persona dependiente.
Los niños que nacen por cesárea, no tienen ese contacto inicial con la flora vaginal de su madre. Reciben la primera microflora del entorno hospitalario, que suele estar poblado de bacterias resistentes a los antibióticos. En casos como el famoso estafiloco aureus (Staphylococcus aureus), pueden tener consecuencias graves para toda la vida ( meningitis, sepsis, neumonía…).
Es muy importante que desde el momento mismo del nacimiento, las mamás a las que se les debe practicar una cesárea, aporten a su bebé bacterias beneficiosas para la salud.

Equilibrio de la flora intestinal

La microflora intestinal está en constante evolución, en un equilibrio dinámico desde el nacimiento, que puede romperse por diferentes factores:

  • Factores con origen en el interior del organismo (endógenos): Un sistema inmunitario deficiente, una enfermedad metabólica, una herida, pasar por el quirófano, una inflamación, estreñimiento crónico o un tumor en el intestino, pueden alterar la flora intestinal gravemente, empeorando los síntomas, y prolongando la recuperación.
  • Factores con origen exterior al organismo (exógenos): Alimentación desequilibrada, contaminación por metales pesados, pesticidas, o por aditivos alimentarios antimicrobianos, infecciones, altos niveles de estrés, tratamientos antibióticos, vacunas…,

Todos estos factores pueden favorecer la inhibición de las bacterias beneficiosas y/o, permitir la expansión desequilibrada de patógenos responsables de enfermedades.

Las consecuencias pueden ser más o menos gravosas. Desde simples trastornos digestivos hasta disfunciones en nuestro sistema inmunitario, corriendo el riesgo de sufrir una infección generalizada (septicemia) y, potencialmente, la muerte.
Definitivamente, una flora intestinal equilibrada es clave para hacer frente a las enfermedades y mantener un estado saludable.

Cuidar y mejorar la flora intestinal

En la flora intestinal están presentes bacterias que tienen un efecto positivo para la salud y para la vida en general, denominadas “probióticas”, y otras especies que son patógenas:

  • Las “probióticas” (promotoras de vida) aportan beneficios científicamente demostrados, como estimular el sistema inmunitario, reducir alergias, aliviar inflamación del intestino, impedir la producción de toxinas que perjudican al hígado, mejorar el tránsito intestinal, disminuir las flatulencias y prevenir trastornos digestivos como estreñimiento o diarrea.
  • Las especies patógenas pueden originar diferentes problemas de salud (alergias, micosis,…), y otras enfermedades.
    Un claro ejemplo de micosis -infección provocada por hongos-, que afecta a multitud de personas es la candidiasis. Provocada por la Candida albicans, su expansión es alarmante. Sobre todo, si tenemos en cuenta que su proliferación en el organismo altera el sistema inmunitario, facilitando la aparición de otras enfermedades graves, como el cáncer.

Mantener un intestino sano

Para mantener nuestro intestino sano, podemos:

1. Favorecer la proliferación de bacterias beneficiosas

    • Aportando especies favorecedoras de esas bacterias saludables
    • Alimentándolas adecuadamente.

2. Impedir que se desarrollen las especies patógenas.

Favorecer las bacterias saludables de nuestro intestino

Aportar bacterias beneficiosas

Productos fermentados

Las semiconservas fermentadas contienen bacterias del grupo láctico (Lactobacillus, Leuconostoc, Pediococcus, Lactococcus, Streptococcus,…).
Desde la antigüedad sabemos que los productos fermentados se conservaban bien y que, además, su consumo es beneficioso para la salud.
La microbiología ya demostró que algunas bacterias desarrolladas espontáneamente en los productos con fermentación láctica eran “probióticos”.
El chucrut, por ejemplo, se consume desde la época de los Romanos. La col fermentada, forma parte de platos muy comunes hoy en las cocinas del centro y este de Europa, y también en Asia, como en el kimshi coreano. O el borsch, una sopa de verduras cuyo ingrediente principal es el zumo fermentado de remolacha, que tambien es muy común en el centro y este de Europa. La mayoría de las verduras pueden consumirse de esta forma: zanahorias, berenjenas, cebollas, pepinos…
En la cocina tradicional occidental, las aceitunas, pepinillos, remolacha, nabos, etc., se conservan mediante fermentación láctica.

En cambio, la industria agroalimentaria tiende cada vez más a conservar los productos en escabeche o en vinagre, o a esterilizarlos tras la fermentación. Este proceso destruye las bacterias. La mayoría de las cervezas disponibles en el mercado, por ejemplo, se pasteurizan -a pesar de estar fermentada-, por lo que contienen muy pocas bacterias y levaduras.

La leche fermentada es muy rica en bacterias “probióticas”, con diferentes propiedades en función de la bacteria utilizada.

  • Yogur (Streptococcus thermophilus y Lactobacilus bulgaricus),
  • Leche acidófila (fermentada por Lactobacillus acidophilus),
  • Leche con bifidus (fermentada por Bifidobacterium bifidum, longum, breve o lactis)
  • Kéfir (fermentado por varias especies de Lactococcus, Leuconostoc, Lactobacillus, Sacharomyces, Kluyveromyces, etc.).

Todos estos tipos de leche fermentada aportan beneficios para la salud, especialmente si la materia prima procede de cabra, oveja o yegua. Cada vez más y más personas desarrollan una intolerancia a la leche de vaca, que se manifiesta en inflamaciones como rinitis, sinusitis, artritis, artrosis, etc.

Alimentar las bacterias saludables

La alimentación actual es excesivamente pobre en fibra , y excesivamente rica en alimentos en estado puro, o con nutrientes “aislados” (carne, queso, grasas y azúcares).
La fibra no es un nutriente esencial para nuestro organismo, pero resulta indispensable para preservar la flora intestinal. Las bacterias beneficiosas se alimentan de ella, transformándola en ácidos orgánicos que protegen y regeneran la mucosa intestinal.
La fibra: es prebiótica
Algunas fibras alimentarias son solubles. Se las denomina “prebióticas» porque su objetivo es estimular el crecimiento de las bacterias “probióticas” o bacterias beneficiosas del ecosistema intestinal.
Como nuestra flora intestinal se nutre de fibras, debemos aportar en nuestra alimentación fibras solubles que podemos encontrar, por ejemplo, en la fruta de -mejor de temporada, y bien madura-, en una gran variedad de legumbres – preferiblemente leguminosas y crucíferas(coles, repollo, brócoli,…-, y en los cereales en su estado natural, que son pobres en gluten (arroz, mijo, avena, espelta…).

Impedir el desarrollo de especies patógenas

Los alimentos compuestos por nutrientes «aislados» –que no cuentan con ayudas digestivas en su composición-, como Carne, Queso, las grasas en general, y los azúcares simples (o monosacáridos), pueden romper el equilibrio de la flora.
El consumo de este tipo de alimentos en estado puro no ha dejado de crecer. Paralelamente, sucede o mismo con el desarrollo de las llamadas enfermedades del mundo desarrollado: enfermedades cardiovasculares, trastornos digestivos, metabólicos, del sistema nervioso u osteoarticular, etc.
Un ejemplo de ello es el elevado consumo de azúcares simples: sacarosa, fructosa, maltosa, lactosa, glucosa…

Los alimentos azucarados o que se transforman rápidamente en azúcares simples -incluidos la mayoría de zumo de frutas comercializados-,  favorecen la proliferación de la flora fúngica (hongos) que, a su vez, altera el sistema inmunitario, y aumenta el riesgo de diabetes o cardiovascular, obesidad, y todo tipo de cánceres.

Por otra parte, un consumo elevado de azúcar produce hiperglucemia y, consiguientemente, hiperinsulinemia, que provoca la formación del tumor cancerígeno y acelera el crecimiento de células tumorales.
En España consumimos 43,8 kilos de azúcar al año de media; es decir, unos 120 gramos al día (entre 15 y 20 cucharaditas de postre). Y no somos realmente conscientes de ello. Gran parte de este azúcar se encuentra en productos elaborados (refrescos y bebidas azucaradas, cereales, derivados lácteos, etc.), que contienen el principal edulcorante industrial, la fructosa.
La cifra es realmente alta. No debería superar, en ningún caso, los 10 kilos al año.

Es recomendable priorizar en nuestra alimentación las frutas, legumbres y cereales integrales, bayas, frutos secos, pescados azules ricos en nutrientes como el colágeno, minerales, vitaminas liposolubles y ácidos grasos omega-3, y reducir el consumo de carne, grasas saturadas y lácteos.
Podemos tomar algo de carne, lácteos (preferiblemente de cabra y oveja) y aceites vegetales (preferiblemente aceite de oliva o nuez).

Especialmente recomendable, es consumir legumbres y frutas ecológicas, que no contienen pesticidas (por su potencial cancerígeno), ni conservantes -antibacterianos y antifúngicos que, consecuentemente, alteran la flora intestinal-. Está demostrado científicamente que enfermedades degenerativas del sistema nervioso, como Parkinson o Altzheimer, empiezan en el colon por estas razones.

Recomendamos evitar la ingesta conjunta de hidratos de carbono y alimentos ácidos (por ejemplo, cereales y cítricos, cereales o legumbres con vinagre o limón, tomate y pasta o arroz…). Los ácidos neutralizan la acción de las enzimas salivales sobre el almidón de los hidratos de carbono, y esto produce toxinas en el intestino.

Y es algo básico y fundamental, masticar adecuadamente
Masticar y ensalivar bien los alimentos -sobre todo los ricos en almidón (cereales, frutas, verduras y legumbres-, garantiza que la digestión comience en la boca, con la amilasa de la saliva. Esto evita una fermentación intestinal que produce toxinas.

No abuse de los alimentos que pueden producir reacciones de intolerancia, como pueden ser la leche de vaca y sus derivados, los cereales modernos ricos en gluten y sus derivados.

Evitar el agua con cloro
Añadir cloro al agua antes de ser distribuida para el consumo acaba con los gérmenes dañinos que puede contener. Así, enfermedades como la disentería o el cólera han desaparecido en los países desarrollados.
Pero el cloro tiene el mismo efecto en nuestro sistema digestivo: desinfecta, y elimina por igual microorganismos buenos y malos.

Recomendamos evitar el contacto innecesario con sustancias bactericidas o fungicidas, incluidos los productos para desinfectar las manos y la piel, porque acaban con todas las cepas microbianas. La piel y los órganos sexuales, por ejemplo, también están cubiertos de una microflora que proteje de los gérmenes nocivos.

Ayudar a mantener un intestino sano, de forma fácil

Poniendo en práctica todas estas recomendaciones, podemos ayudar a que nuestra flora se reequilibre sola.
Evidentemente, es imprescindible que nuestra alimentación y nuestra forma de vida nos lo permitan.
Para hacer este proceso más fácil, podemos ayudar con complementos alimenticios, aunque pensamos que la mayoría de los “probióticos” disponibles en el mercado no son todo efectivos que se podría esperar.

Podemos pensar en diversas razones, en general:
Comprimidos
En su fabricación es necesaria una fuerte compresión de sus componentes para unirlos, y formar el propio comprimido. Eso puede hacer subir la temperatura y, consecuentemente, eliminar bacterias.

Alimentos funcionales
En esta clasificación podemos observar:
Productos incoherentes: Encontramos productos con presencia simultánea de azúcares, y bacterias. Como hemos visto, los azúcares promueven el crecimiento de la flora fúngica no deseada.
Posible rotura de la cadena de frío: Muchos de los productos funcionales, que contienen prebióticos, requieren del mantenimiento de la cadena de frío. La alteración de esta cadena, puede disminuir la funcionalidad del producto por la muerte de bacterias.
Escasa presencia de bacterias beneficiosas. Entre los productos llamados funcionales con características prebióticas, encontramos escaso número de bacterias presentes.
Parcial presencia de bacterias. Están presentes, únicamente, algunos de los tipos, sin llegar a tener un espectro amplio de microorganismos con utilidad prebiótica.

En resumen, estos productos pueden ser recomendables para ayudar a mantener el equilibrio de la flora, pero no los consideramos suficientemente efectivos para corregir problemas manifestados.

Laxantes. Como dijimos inicialmente, nuestro intestino no es simplemente una tubería a desastascar. Por un lado, es imprescindible ayudar a recuperar y equilibrar la flora; por otro lado, los laxantes tienden a producir irritaciones, al actuar de forma, digamos “agresiva”. No recomendamos su uso frecuente y puede tener consecuencias gravosas para la salud.

Hemos hablado de diferentes recomendaciones, más allá de la simple obstrucción intestinal, algunas importantes, como la presencia de tóxicos, metales pesados, etc.

Recomendamos, por lo tanto, actuar en diversos frentes:

  • Limpieza
  • Detoxicación
  • Regeneración

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